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16 may 2011

Reflexion en y sobre los monumentos.

Por Sagabella.

Quiero pensar en el colegio como experiencia que, si bien no ha tocado ni tocó a todos, representó para muchos de sus asistentes cosas muy importantes. Asegurar que hay espacios y momentos que resulten simbólicos en la vida de otro, puede ser una intromisión o un irrespeto al punto de vista de cada quien, pero parece complicado que no sea así.

Al ser uno de los primeros espacios habitados, al ser parte y lugar de cambio y desarrollo del individuo, cabe creer que dichos acontecimientos dejaron una marca. De pronto los primeros amigos, de pronto las primeras peleas, seguro algo tuvo que ver el colegio con la primera borrachera, el primer desamor y otras cosas por el estilo.

Puede verse como una experiencia compleja sin perder de vista su importancia, porque no es necesario que haya buenos recuerdos sobre él, como la primera censura o el primer debate con la autoridad. Toda experiencia escolar, al ser reciente, deja su huella en la mente del personaje que lo vivió todo, y que termina asociándolo a lo que hay alrededor, a generar recordación desde los lugares. A crearlos como paradigma para el futuro.

No resulta difícil reconocer que el simbolismo rodea nuestras vidas. No se puede vivir sin sentirlo, pero resulta complicado tenerlo presente, pues conscientemente no se está pensando en aquella impronta que deja el haber invertido tanto tiempo de la vida en algún lugar, no se está pensando en lo que ha representado estar allí; aunque inconscientemente se vea el resultado en el comportamiento y la vida posterior.

Ejemplos de esto pueden ser cosas tan simples como la aplicación de modales dentro de una mesa, o entrar al baño de hombres o mujeres si no hay confusión al respecto, pero este aspecto sólo toca el descubrimiento y la conducta personal. Con un poco más de análisis, es posible pensar que todos estos protocolos han sido construidos y trabajados para que funcione la vida en comunidad.

Eso desde el resultado, pero la significación colectiva tiene un alcance superior que se evidencia en la pertenencia. Por ese motivo seguiré con el colegio. Cabe recordar que cada uno de ellos nace con misión y visión, y valores y metas, y protocolos de trabajo y de procedimientos que redundan en cada una de las personas que habitó tal o cual institución, sea de manera consciente o inconsciente. No se puede dejar de lado que dichos valores orientaron la educación de cada quien, en el papel y en lo práctico, siendo los profesores orientados por ese lado y eligiendo textos que apuntaran para allá también. Incluso, puede que esos valores y la reputación consiguiente hicieran que los padres dejaran a su hijo a merced de esos precisos profesionales de la educación, para formarlos en competencias y en personalidad.

Y ese fue sólo un primer paso que pudo haberse dado con la matrícula. La importancia de este colegio para el ensayo es demostrar que las personas que aparecieron en esa etapa de nuestras vidas, sea por desgracia o por fortuna, aparecieron por el colegio, aunque suene reincidente. Y, además, se vieron permeadas por esos valores institucionales.

Y esas personas cobraron significado en nuestras vidas. Nuestros primeros amigos estuvieron ahí, nuestro primer profesor chistoso, joven, loco, o la primera profesora sexy de biología, matemáticas o español, o el primer tirano que quiso cortarnos el camino… O doña Rosa, la queridísima mujer de servicios generales que era nuestra amiga y facilitaba uno que otro buen rato.

Hubo cosas, con estas personas y con otras por el estilo, que sólo pasaron en el colegio y que nos hicieron considerarlo como algo más que un espacio. El sitio ya no sólo representaba los valores en los que la educación buscaba implantarnos, sino que creamos unos propios para simbolizar desde allí todo lo sucedido. Y existe ese reconocimiento, producto de la pertenencia al lugar, entre los egresados, o entre muchos otros. Gracias a ese símbolo, se lleva a cabo el reconocimiento del otro.

Quiero hacer la precisión de que en este momento, el colegio no tiene importancia como espacio ya, sino como representación tangible de un momento o de una especie de lucha que tocó a muchas personas, y que les lleva a pensarse en común, en menor o en mayor medida. Considero que la forma en la que el colegio aparece en la geografía urbana y el significado que cobra para tanta gente, lo convierte en un monumento.

Creo que dentro de esta definición de monumento, caben otro tipo de explicaciones. El proceso de creación no tiene que ser tan complejo ni largo, a mi parecer. Puede reconocerse el sancocho, el ajiaco, la arepa o el plato de toda la vida como un símbolo tangible de unidad o de comunión. Remite a ese tiempo invertido con personas con las que se comparte un vínculo, sea la familia o un restaurante favorito.

En fin, todas estas demostraciones significativas son construcciones colectivas. Uno no es el único en tener significado en las cosas. La misma obviedad del asunto lo oculta para todos nosotros.

Cabe entonces mencionar que la sociedad tiene una gran cantidad de comunidades de sentido en ella, y algunos segmentos de población, al reconocerlas como importantes, les proporcionan afecto y respeto. Y cabe preguntar también por el afecto y el respeto a las otras comunidades que parecen distantes y distintas. Esta pregunta cobra importancia al notar la violencia indiscriminada hacia otro, que también es susceptible de guardar sentimientos afines a los propios.

Si bien no para todos está el mismo colegio, ni el mismo estrato, ni nada que parezca ponerlos a todos por igual ni les brinde la posibilidad de una interacción pacífica e igual de significativa, hay elementos que buscan cumplir con la dinámica de monumentos que he querido exponer. Países y ciudades manejan símbolos patrios. Himnos, escudos, banderas, flora y fauna característica y representativa como el mejor ejemplo del caso.

Estos elementos buscan seguir ese camino de reconocimiento y unión, buscan aunar a las personas en torno a ellos, pero en este punto parecen fuera de contexto. Les considero anticuados, al no haber sido construidos por ninguna de las generaciones vigentes, por lo menos en Colombia. No responden a nuestras necesidades, y aunque se intente generar mística a su alrededor, como aquel honroso segundo puesto dentro de la etérea hermosura de los himnos mundiales, o la increíble aparición de Panamá en el escudo, dudo que la integración pretendida suceda en mucho tiempo.

La historia y la trascendencia detrás de estos símbolos, que me he regalado la posibilidad de llamar también “monumentos”, no ha sido del todo bien explicada en los salones de clase. Como ya he mencionado, su distancia de nuestras generaciones contemporáneas les hace distantes. Pero hay una posibilidad de recordar dicho simbolismo y de generarlo en un lugar a menor escala, un lugar más reducido y común, más compartido, donde la idea de localidad ofrezca circunstancias que reúnan a la gente.

Hablo de la ciudad. O bueno, en este caso puede ser un pueblo. Hay un monumento (este sí genérico) que nos ofrece un ejemplo apropiado y pertinente, aunque cruel, de lo que une a una población.

Trujillo, un pueblo del Valle, sufrió durante mucho tiempo una disputa territorial entre guerrillas izquierdistas, paramilitares, ejército y policía; y puso los muertos civiles en un momento incierto dentro de la trayectoria de violencia colombiana. La paranoia por el colaboracionismo hizo que los ataques a la población por parte de los cuatro seudobandos, minaran la cantidad de trujillanos. Quedaron niños, mujeres y ancianos, y muchos de ellos murieron también.

Pero los que casualmente quedaron, dolidos por la masacre sempiterna, buscaron honrar a sus muertos de forma peculiar y valiente. Formaron una escalera con varios bloques de piedra, y esculpieron los rostros exactos de todos sus difuntos ahí, incluso unos cuantos del comité de construcción del monumento, que serían posteriormente asesinados por la naturaleza del proyecto.

Este desafío a la violencia y al desdén por la vida se mantuvo por la presión ciudadana, que anhelaba probarse unida, compacta, entera. El homenaje estaba hecho. Creo que después de eso, aunque la disputa no se había alejado, y con seguridad sigue sin alejarse, la vida en Trujillo debe ser distinta, por lo menos desde los pobladores.

Se puede pensar en el ejemplo de la ciudad con Cali, cuyos monumentos parecen tener una bonita historia individual, pero no mucho de colectivo. Y son bastantes.

Está la excéntrica entrega de una Cuadriga Romana por parte de un importante político valluno, bajo la consigna de simbolizar el impulso y el trabajo en equipo de los vallecaucanos. Está la estatua de Benito Juárez por la Avenida Panamericana, su sueño de unión económica y social para todo un continente. También se puede encontrar el monumento a la Policía Metropolitana, erigido en conmemoración por su centenario en la ciudad y entregado un año después. También está el monumento a la solidaridad, portentoso e imponente, otorgado por la Asociación Latinoamericana de Cámaras de Comercio, en agradecimiento por alojar una de sus asambleas. Y otros como el monumento a la Aviación, en homenaje a la Fuerza Aérea, otorgado por la junta de notables del barrio Santa Isabel.

Y también se pueden ver los clásicos. La sempiterna Ermita, producto de la afición de una mujer por la arquitectura barroca y la grotesca miniaturización, Sebastián de Belalcázar coronando la conquista ajena y señalando hacia el mar. Las Tres Cruces, que alejan las plagas, los improperios, unos cuantos pecados y demás maleficios bíblicos. La torre Mudéjar, frente a la gobernación, otorgada en intercambio por alojo y protección por parte de la iglesia a un arquitecto moro que huía de la inquisición… Y el Gato de Tejada, que sigo sin saber qué simboliza. La lista sigue, hay muchos monumentos, mucho anclaje y poco contexto.

Considero que sólo hay dos monumentos que parecen condensar, de alguna manera, la sabrosura, el poder y el significado de una parte verdaderamente genuina y necesaria de la ciudad. El primero es La Vendedora de Chontaduros, que después de ser sorpresiva o predeciblemente rechazada por varios parques y plazas, adornó hasta hace un tiempo el Club San Fernando, única institución lo suficientemente valiente para ponerla a su servicio. Con la demolición, posiblemente se esté oxidando en una bodega.

Y el monumento de Jovita Feijóo, escondido entre puentes y muy cerca al colegio de Santa Librada, un genuino monumento a la locura, según Ricardo Bueno. Y que además fue manufacturado magníficamente por Mattel.

Creo que estamos frente a un oscuro panorama simbólico. La significación que se da a los monumentos es plenamente subjetiva, y no es que busque que haya un consenso sobre la belleza o sobre la importancia de tal o cual monumento, sino que no existe lo colectivo en dicha diversidad. No hay mucho que pueda lograr que la gente se sienta parte de algo de manera similar a la del ejemplo del colegio. Considero necesario que exista ese rasgo tangible dentro del panorama urbano de la ciudad, porque puede ser que no nos sintamos de ella al no ver gran cosa nuestra en ella.

Sin embargo, esa ausencia puede convertirse en una posibilidad para pensar los monumentos desde la gran comunidad, en la búsqueda de la identidad, el respeto, la pertenencia y el reconocimiento de los otros ciudadanos y de la misma ciudad.

Sonará extraño, pero nuestra respuesta se ubica en una búsqueda responsable y dedicada, que parece no haberse hecho antes. Y no tiene que ser una búsqueda local, relacionada con la calenidad dinámica, o con el espíritu de la época. En Buenos Aires y Washington pusieron grandes falos, bajo el nombre de obeliscos, que jamás perderán vigencia ni imponencia. Jamás serán ignorados.

Y nosotros podemos encontrar uno de esos por nuestra cuenta. Debemos hacerlo. Un símbolo efectivo en la evocación puede representar un cambio inédito, un impulso a abandonar la inoperancia... Y aunque me gustaría decir que este es un país pacífico, no puedo mentir. Pero sería agradable creer que no necesitamos un Trujillo para hacer nuestro monumento significativo acá en Cali.

Las cosas pueden ser más sencillas para que haya eso que nos hace falta.

10 may 2011

Recuperando Cañasgordas

El legado, la importancia y la influencia histórica de una hacienda durante un buen tiempo; un escritor que inmortalizó el espacio a través de una historia de amor; la atención de muchos expertos hacia un terreno en donde todo significa y las medidas que se están tomando para conservarlo. Un recorrido por las razones que hacen que valga la pena restaurar la hacienda Cañasgordas.

La historia.

La Hacienda Cañasgordas era una de las más portentosas de su momento, iba desde las estribaciones de la cordillera occidental hasta el Rio Cauca, y desde la casa llegaba hasta el Rio Jamundí, ocupando espacios como, por ejemplo, la Universidad Autónoma de Occidente. Según cálculos del Instituto Colombiano de Antropología e historia, la hacienda tenía casi 50 Km² de extensión, en ellos había incontables cabezas de ganado y otra gran variedad de animales.

La Hacienda también tenía muchos esclavos, una gran cantidad de siervos y su trapiche era en la época posiblemente uno de los más interesantes del Nuevo Reino de Granada. Producía enormes cantidades de mieles y panela.

Su proceso de construcción incluye ciertas particularidades. Gabriel Urrea, uno de los ingenieros civiles encargados de la obra, afirma que estas antiguas haciendas se levantaron con una estructura de madera y muros de tapia pisada. Los constructores de la época hacían una zanja en el terreno, paraban unos troncos sobre una piedra, un palo corto que llegaba a primer nivel y un palo largo que llegaba hasta el techo.

Luego tacaban la pared con tierra pisada, y para dejar las bases seguras colocaban cinta de guadua y llenaban los espacios con más tierra pisada. Para consolidar el segundo piso sólo era poner más troncos de madera entre ambas paredes y todo estaría listo. Sin embargo, el punto de contacto entre los troncos y las piedras de base se empezó a podrir, rodeado de tierra todo el tiempo, arriesgando la integridad de la casa y de todo el que estuviera adentro.

La hacienda se convirtió en símbolo de autoridad pues el primogénito de cada generación de la familia Caicedo, residente y propietaria de la hacienda, ostentaba el Alferazgo Real, una modalidad de Juez de Paz vitalicio.

Los terrenos de la hacienda se fueron vendiendo y la casona cayó en el abandono, hasta que a mediados de la década de los sesenta el propietario decidió hacer un museo de la novela en los predios, como homenaje al amor entre los protagonistas de la historia; de esa forma los terrenos ganaron notoriedad, varias personas consideraron hacer una intervención pues muros, postes y vigas estaban en muy mal estado.

Afirma Francisco López, antropólogo del ICANH (Instituto Colombiano de Antropología e Historia), que su interés por el trasfondo histórico de la Hacienda Cañasgordas nace con un trabajo hecho previamente en la Hacienda El Paraíso, motivado por la novela de Jorge Isaacs. Faltaba mucho por hacer, si bien ya había un trabajo hecho en la hacienda. Así que el año pasado propuso ante el ICANH la intervención científica del componente arqueológico, aprovechando la celebración del Bicentenario. Ese es nuestro punto de partida.

La novela.

El prólogo de El Alférez Rea, es claro en cuanto a las intenciones de Eustaquio Palacios al decir que usó la novela para hablar sobre la historia real de Cali en el siglo XIX y en el siglo XX, valiéndose de documentos auténticos, afirma José Luis Giraldo, el primer arquitecto restaurador de la Hacienda, exaltando que el gran valor de su obra, a pesar de que muchos afirmen que cayó en errores de sintaxis y que no era un buen escritor, radica en su minuciosidad.

Y escoge un escenario especial, que fue la Hacienda Cañasgordas, por ser la principal hacienda de terratenientes, donde se ubicaba el más alto poder de la región y donde confluía riqueza y esclavitud. “Era preciso, para poder mostrar la gran nobleza de la época, los criollos descendientes de españoles, mostrar también lo que era el mestizaje, lo que era la comunidad negra esclava que trabajaba allá, los siervos que recibían un sueldo, etc.”, tercia Giraldo.

Esta hacienda era el escenario perfecto para hablar de la diferencia de clases, del valor del mestizaje y del papel que desempeñaron los esclavos, de la economía, de la producción agrícola, de la fauna y de la flora; en fin, para describir gran parte de la sociedad de ese momento.

La declaratoria de la hacienda como Monumento Nacional en 1980, se debió en buena parte al significado de la novela dentro de la comunidad. Casi un siglo de asimilación afirma que El Alférez Real dejó una impronta que sólo toca a esta hacienda, al notar que otras contemporáneas no tienen la misma fuerza. Esta declaratoria como Monumento Nacional, salvó la casa de la destrucción natural o la demolición para la venta de terrenos, y le garantizó el cuidado patrimonial y la atención del estado.

Además, a través del detalle en el relato se han podido encontrar edificaciones y espacios perdidos a lo largo del tiempo, como la capilla y el cementerio, ocultados por la tierra y por el tiempo. Los cimientos de la capilla fueron localizados a través de prospecciones arqueológicas en el terreno, el cementerio fue hallado en sus inmediaciones y actualmente se siguen pistas para encontrar la ubicación de las viviendas de los esclavos de la hacienda que, según Francisco López, se encontraban en el entorno inmediato. Una vez halladas y estudiadas es posible que se proceda a su reconstrucción.

El interés.

La situación local frente al patrimonio es complicada. El antropólogo Francisco López está consciente del desdén y el distanciamiento entre el patrimonio cultural y la ciudadanía. Toma el ejemplo de sucesos como los del Puente Ortiz, hallado durante las excavaciones para las “Megaobras” y despreciado por la ciudadanía por su inconveniencia; en sus palabras, “las opiniones de muchas personas no fueron satisfactorias, más bien decepcionantes”. Define entonces como uno de los objetivos del proceso dar a conocer la conservación y la restauración como el ejercicio de lo patrimonial para la gente, es decir, mostrar que se está recuperando la historia propia para la ciudadanía.

La propuesta de investigación en Cañasgordas implica usar las edificaciones como fuentes primarias y recoger la tradición oral y las fuentes de archivo en un segundo plano, para tener un contexto establecido y poder interactuar con la obra y solucionar con mayor autoridad y precisión las dificultades que se presenten en la restauración. El arquitecto José Luis Giraldo establece que: “La idea es conservar lo histórico y hacer la restauración auténtica, la recuperación de los hechos tangibles o intangibles de la comunidad que hayan llegado a nosotros”.

Se puede empezar por la misma configuración de la hacienda. Se da la formación de una propiedad enorme que se va configurando de manera gradual, cruel y salvaje a partir del desplazamiento indígena, implicando desterritorialización y pérdida gradual de identidad a los pances y lilíes que habitaban los márgenes del Río Jamundí y las vertientes de la cordillera Occidental. “Es un origen doloroso desde el punto de vista social e histórico, y es importante incluir esta perspectiva desde el análisis”, advierte López, quien insiste en discutir la mirada romántica en la obra de Eustaquio Palacios con ayuda de otras fuentes de investigación.

Este proceso se puede ver reflejado en la estructura propia de la hacienda, construida bajo leyes y parámetros de construcción mixtos, más indígenas que europeos. “Empecé a estudiar las construcciones del siglo XVII, donde comenzaron a aparecer paredes gigantes que por dentro son puro barro y no adobe, y eso representa una evolución a los 80 años de haber llegado los españoles acá: comenzaron a construir a la manera indígena del bahareque”, explica el arquitecto Giraldo, mencionando que las razones para trabajar de esa forma iban desde “vivir en guerra y no tener tiempo de hacer construcciones en adobe fuerte, estar en la búsqueda de los mejores sitios para colonizar, el afán por crear más asentamientos y recibir prebendas de la corona, y el hecho de que no llegaran personas al continente como constructores sino como soldados”.

Por ello resulta llamativo que en una hacienda de tal importancia, que ostentaba tanto poder económico entre tantos latifundios, se haga la parte más grande y sobresaliente, la casona de dos pisos, de paredes gruesas de bahareque, y le pongan pilares de grandes troncos de madera. Cabe la interpretación de esta hacienda como gran monumento a la fuerza del mestizaje.

El estado de la estructura plantea grandes dificultades, pero lleva a la necesidad de distintas disciplinas para llevar a buen puerto este proyecto. El caso del trapiche es un ejemplo: la aparición de elementos como el sistema de canalización, las acequias y el análisis de su producción obligan a incursionar en el campo de la arqueología industrial para su efectiva restauración y aparición en el futuro museo. El trabajo se dificulta, pero a la vez invita a la participación de otros especialistas.

“Han venido participando comunicadores sociales con registro de fotografía artística de lo que ha desarrollado el proyecto, Telepacífico, INCIVA y El País han colaborado con la divulgación del proyecto. El Archivo Histórico de Cali también ha brindado mucha colaboración a las investigaciones mientras el DAS ha facilitado equipos forenses cuyo apoyo técnico ha servido para hacer prospección geofísica del cementerio. Seguramente seguirán llegando estudiantes de antropología y otras personas interesadas” comenta Francisco López al respecto.

Sirve tener presente que el proyecto nace de un proceso denominado arqueología del relato, de un relato común a buena parte de la comunidad, que busca el compromiso con el patrimonio, su conservación, conocimiento y aprecio. Según el arquitecto Giraldo: “al fin y al cabo el patrimonio de una nación se apoya en la cultura del pueblo en todos los niveles”.

Lo operativo.

Actualmente se está haciendo una consolidación estructural a la hacienda para que perdure. Esta es la primera etapa. La Alcaldía de Cali está pagando el proceso, pero faltan los recursos de la Gobernación del Valle y de otros miembros de la Fundación Cañasgordas, quien es la encargada de gestionar todo lo relacionado con la hacienda y se encargaría también del museo que se proyecta hacer en dicho predio.

“Son cinco salones en la casa principal. Internamente, en ciertos puntos, se hará una estructura metálica. Columnas que van con zapata de concreto, para que cuando ocurra algún movimiento transversal o longitudinal, la casa esté amarrada y no se caiga”, explica el ingeniero Urrea. Hecho eso, se irán cambiando techos y troncos podridos. “Por fuera también se harán amarres de esos palos largos con la estructura metálica, para defender la parte de arriba. Todo esto tomará cuatro meses. Cuando se termine la consolidación, la hacienda entrará a la etapa de acabados, donde habrá repello, pintura, suelos, en fin, todos los cambios necesarios para dejarla apta”.

Respecto al trapiche, Urrea establece que tendrá una restauración integral, pero que es materia de dinero y que los estamentos mencionados deberán inyectarle dinero. “Estaba intacto hasta hace unos 4 o 5 años, le quitaron la cubierta, quedó a la intemperie y eso derritió las paredes por la lluvia. Eran muros de barro y por eso se acabó. Nosotros le hicimos una sobrecubierta mientras definen la intervención a hacer”.

Casi han pasado los cuatro meses que se presupuestaron para la consolidación estructural y la etapa no está próxima a finalizar. Sigue habiendo personal trepado en andamios, mezclando concreto para hacer zapatas y construyendo estructuras para levantar las vigas. “La restauración se está haciendo, y la casa se está adaptando al medio actual con los requerimientos de sismorresistencia, para dar la garantía de que perdure con el tiempo, luego se restaure y luego se le hagan mantenimientos”, termina Urrea.

12 abr 2011

Cuando a los superheroes no les llueve.

Dos estudiantes universitarios se visten de superhéroes, y salen en Cali a cumplir con una misión.

No tengo habilidades especiales para movilizarme. No puedo volar ni correr indefinidamente, y si hubiera mar, debería decir que no puedo nadar muy bien. Tampoco cuento con recursos para adquirir un tanque urbano como el de Batman, ni soy tan femenino como para desear un avión invisible, así que me monto en un bus normal, vestido de civil. La promesa de lluvia parece inminente y muchas personas prefieren no moverse, así que voy en un transporte casi vacío a las diez de la mañana, recibiendo el son cubano del potente radio prendido de las paredes y desafiando en el tránsito a una de las ciudades más peligrosas del país, casi sin saberlo, deseando ignorarlo.

Pero el tránsito no es la aventura. Cinco canciones después de haber abordado el bus, mi destino se presenta imponente por las ventanas. Timbre, freno, se abre la puerta, un pie abajo, luego el otro, siento calor y caen goticas de agua, la buseta arranca… Y la parada se convierte en mi atalaya, y siento el deber de abandonar ese espacio seguro. Voy hacia la estación.

Ocultos de las miradas universitarias, inquisidoras y burleteras, Mauricio y yo trabajamos en nuestro atuendo. Retazos de bolsa negra adornaban el suelo y las sillas de aquel salón del último piso. Esta era la pierna, esta era la capa, la de allá el taparrabos y la de los huecos el antifaz. El cielo se había congelado desde temprano, y el día parecía esperarnos mientras nuestra labor era completada. En poco tiempo, las piezas separadas cogieron forma, y nos fuimos ataviando para la batalla diaria.

Mauricio había elegido una apariencia más ortodoxa y ceñida al cuerpo, y yo una falda larga. Pero el campo urbano de batalla no daba respiro y cualquier cosa podía suceder, así que nuestra ropa original cubrió el atuendo. Así emprendimos nuestra primera aventura como superhéroes en Cali. Y así empezó el calor en el día nublado.

Los pliegues de plástico conducen mi sudor copioso hasta la ropa interior, el pantalón y la parte baja de la camiseta que tengo puesta, pero recuerdo que los superhéroes no flaquean ni se quejan por esas cosas, así que me muevo un par de metros más cerca de la Estación Universidades del MIO. Y cerca a la estación noto que nuestro punto elegido está absolutamente solitario. Decepción.

Sin tener mucho tiempo para pensar, decido prender un cigarrillo en medio de la calle para matar los nervios, y caminar hacia la sección de alimentadores, que es descubierta y normalmente tiene un alto flujo de gente. Los únicos que permanecen impasibles ante las horas y los abordajes son los vendedores informales. Tres vendedoras de chontaduro para el mismo carro, una minutera con venta de mecato y un minutero… Con venta de mecato. Y todos están preparados con grandes sombrillas para el gran aguacero.

Pregunto a una de las mujeres del chontaduro por la hora de llegada y salida de la gente, y afirma con completa confianza que la multitud atraviesa el paso a las seis de la tarde. Agradezco y, resignado a perder el tiempo, me siento a contemplar alternativas. Aparece el mapa mental de Cali en una imitación psicológica del de la base de los Hombres X y el centro parece el mejor sitio, pero hay otro problema.

No sé por qué no nos dimos cuenta de que no habíamos definido nuestro campo heroico. La falta de objetivos perjudicó nuestra práctica, y la necesidad de que las cosas no fueran sólo una pose nos golpeó de frente. Ahora que nos habíamos movido un poco, el calor arreciaba con más fuerza, y el heroísmo ortodoxo de la pinta de Mauricio resultó mucho más incómodo. Un poco nervioso y acalorado, sintió el deseo de abortar misión, pero no era una opción. No porque el camino o la hechura de los atuendos guardaran enorme significado, sino porque el compromiso adquirido era voluntario, y no dependía de la ausencia o de la permanencia de las personas. Esa pudo haber sido la primera lección de superhéroe que recibimos. El ofrecimiento estaba, la causa llegaría eventualmente.

Y cayó con una ligera llovizna, de esas que suelen avisar grandes e instantáneos aguaceros. La llovizna nos bautizó como Súper Chuspín y Súper Chuspón. Los minuteros y vendedores de chontaduro presenciaron nuestro compromiso con llevar secos a los ciudadanos que no quisieran mojarse. Y los minuteros y vendedores de chontaduro también se comprometieron. Suplieron nuestra falta de preparación guardando nuestros bolsos y prestándonos sombrillas con una amplia sonrisa. Improvisación, ya teníamos nuestros trajes puestos. Y sin la ropa, el calor había amainado.

Ahora debo cumplir con mi labor. Me siento fuerte, dispuesto, solícito y atento, y sin embargo solo. Y sigue pareciendo que no ha pasado un segundo desde las 8:00 AM. Pasan las primeras personas, la llovizna no cesa del todo, y me acerco por primera vez a una estudiante que hace fila al descubierto para pagar su ingreso al sistema. Indiferencia, desdén y molestia. Ella accede con repulsión a que le cubramos y yo permanezco estoico ante aquel desaire. Ella entra a la estación y yo permanezco cerca, y observo con solicitud a varias personas que esperan dentro de la estación, bajo techo. Ofrezco mi servicio con respeto, para recibir una negativa más amable, y la policía y el guarda de la estación me llaman.

Piden que salga del espacio de la estación porque no puede haber gente enmascarada en el terreno, probablemente por razones de seguridad. Les explico que mi labor es de colaboración, que no exijo nada a cambio y que sería mejor ocupar la posición para cumplir con una mejor labor. Pero son inflexibles e insisten en que me vaya. Sus miradas se hacen más claras cuando descubro mi rostro para confrontarles. Comprendo que no se sienten molestos ni atropellados por mi tarea, pero deben cumplir con la suya. Cubro mi rostro de nuevo y regreso a donde estaba antes. Y la llovizna tiende a desaparecer…

Intentamos colaborar mientras ésta duró. Cada vez eran menos los que recorrían raudos el camino al bus, ignorando lo que pasaba; cada vez más los que paraban a observarnos o giraban la cabeza para observarnos; y ocasionalmente aparecía una persona que accedía a nuestro ofrecimiento con agrado y humor. Nuestros nervios no eran de acero, no éramos caballeros impasibles de alguna mesa redonda, sentimos gratificación al cumplir con la tarea las pocas veces que fue posible. Súper Chuspín y yo entablamos conversación con los civiles que preguntaron qué hacíamos y cuáles eran nuestras motivaciones.

De no ser por ellos, no hubiéramos podido constatar la importancia de aquella aventura, ni tampoco enterarnos de las interpretaciones graciosas. Le fue posible adivinar a la ciudadanía transitante que Súper Chuspín y Súper Chuspón participaban en una protesta por algún motivo desconocido, la búsqueda de recompensa monetaria por el servicio que intentábamos brindar, en alguna campaña de concientización, en regalar abrazos, o, como dijo la última persona a la que pudimos cubrir de la llovizna que no volvería, en un performance artístico…

Es momento de abortar. El calor se hace inclemente y el sol no se va a ocultar en un buen tiempo. Ahora sólo estamos sentados, mi compañero y yo, discutiendo sobre asuntos triviales, hablando sobre nuestras vidas y dejándonos ver. Ya no tiene sentido esperar la lluvia, ya no va a llover. El tiempo se descongela, el calor es impresionante debajo del atuendo de bolsas, ya me estoy insolando, ya va a ser mediodía y hasta ahora el cielo se despeja. La misión no ha sido cumplida.

Me quito pedazos de la falda y pienso que no teníamos objetivos claros desde el principio y que todo es ganancia. Me pongo el pantalón, lamento que no haya llovido. Me quito el torso de bolsa, pienso en toda la gente que miró y sonrió; me seco el sudor, me pongo la camisa, me pongo optimista y creo que es un cambio… Y cansado, doblo las piezas de mi traje y las deposito en el tarro de la basura más cercano. Recuerdo a los dos grupos de estudiantes y a la franquicia callejera de Movistar que me pidieron fotografías. Sonrío. Me quito el antifaz y lo guardo en uno de los maletines que saqué de la venta de chontaduros, y pienso que luché contra la indiferencia como todos los superhéroes serios lo hacen, a pesar de no haberme podido convertir en uno por la ausencia de lluvia.

Después de haber pasado por esto, es fácil creer que hay personas dedicadas a invertir parte de su tiempo en contribuir a sus comunidades atrapando criminales a través del arresto ciudadano, coordinando patrullas civiles, organizando el tráfico, ofreciendo primeros auxilios o simplemente ayudando a las personas a cargar paquetes o a mudarse de casa. Estos superhéroes de la vida real, que ya están organizados en Estados Unidos y en Europa, luchan por hacer que la vida en sociedad importe .

Ambos nos fuimos en transporte público a desafiar a Cali de nuevo, con el cielo despejado y soleado.

13 oct 2010

Resena de Persepolis.


Escritores: Marjane Satrapi (novela gráfica), Vincent Paronnaud
Música: Oliver Bernet
Dibujante de fondos: Thierry Million
Año de lanzamiento: 2007
Género: Animación| Biográfico | Drama | Guerra
Duración: 96 min
Países: Francia | USA

La década de los 70 en Irán se ve convertida en una coyuntura histórica. Un gran sueño es llevado a cabo con la derrota del Sah gracias a la revolución consumada en 1979. Marjane Satrapi es una niña entonces, que gracias a la influencia de su familia occidentalizada e idealista, observa de manera crítica tanto los acontecimientos durante el final del régimen del Sah, como los cambios que trajo la subida del poder de los fundamentalistas islámicos, quienes establecieron una tiranía represiva a su vez.

Viviendo de primera mano la nueva Irán y ya habiendo entrado en contacto con ideas socialistas, Marjane se niega constantemente a mantener silencio ante las injusticias cotidianas, lo que lleva a sus padres a enviarla a estudiar al exterior por su seguridad. Las distancias culturales afectan profundamente su crecimiento, forzándola a madurar en un ambiente lleno de prejuicios, lo que la lleva a una larga serie de decepciones, confusiones y conflictos.

El regreso a su patria le resulta traumático al descubrir que el camino que ha recorrido la ha alejado demasiado de sus raíces, convirtiéndose en una extranjera en su propia tierra. A pesar de ello, “Marji” no pierde las esperanzas de sentirse a gusto, buscando siempre el sitio al que verdaderamente pertenece.

Al atacar la represión del régimen iraní, este filme ha sido condenado y censurado en múltiples ocasiones por dicho gobierno. Incluso, juntas de padres de algunas escuelas en Estados Unidos consideraron que el contenido ofrecido en la película era obsceno, presionando para que fuese eliminada del plan de estudios; medida que, por supuesto, no fue tomada al ser tachada de fascista.

Persépolis es una gran película. Es el fiel reflejo de una realidad, que regala la posibilidad de hacer inmersión en uno de los territorios más conflictivos en el planeta. Muestra, además, el gran valor negativo que tiene la guerra y la manera en la que pone a prueba la integridad de una cultura, a través de toda vejación imaginable, en un solo caso. Imperdible para aquellos en busca de consciencia.

Analisis incompleto de La Sociedad del Semaforo.


Etapas del héroe:

1.    El mundo ordinario – 10.   El camino de regreso

El filme ofrece varias pistas de lo que puede ser el mundo ordinario del personaje, estableciendo realidades pasadas, presentes y futuras en su transcurso, todas parte de lo que es, fue y será la vida del Raúl Tréllez. Hablan de su vida en Chocó, al lado del mar y junto a su hija; muestran sus recorridos diarios alrededor de la ciudad como parte de lo que es al llegar a Bogotá; al final aparece su relación con el campo y con el camino, alejándose una vez más de lo que es.

Teniendo en cuenta que el mundo ordinario, conceptualmente, implica algún regreso a él, y que en esta película no se da en un plano físico, debo afirmar que es un hombre que vive en el camino; que desde el desarraigo de su hogar natal no ha encontrado un lugar en el que se sienta cómodo.

El final abierto hacia el camino puede sugerir que busca su regreso, y que ese camino y la ilusión de volver representan su mundo ordinario.

2.    La llamada de la aventura

Esta situación es explícita. Su aventura comienza al conocer a la sociedad del semáforo y ofrecerles la posibilidad de demorar la partida de los carros para poder vender más. El hilo conductor de la película se deriva, en gran parte, de este suceso.

3.    El rechazo de la llamada

Al ofrecer Tréllez este servicio, jamás niega la posibilidad de que suceda, por lo que esta etapa no tiene cabida en la historia.

4.    El encuentro con el mentor

Al ofrecer sus servicios al colectivo del semáforo, el mentor (Cienfuegos, líder del grupo) entra en confrontación con el héroe. Pasa un tiempo hasta que se gana su confianza y le extiende el dinero necesario para comprar implementos que proporcionen más tiempo de venta en los semáforos. En ese momento, Cienfuegos empieza a hacer presencia en la vida de Raúl. Con consejos y discusiones sobre lo que significa realmente vivir en la calle, se convierte en guía y amigo.

5.    La travesía del primer umbral

Encuentro dos situaciones que se adaptan a este concepto y llevan a que las situaciones se desencadenen y continúen.

La primera fue el ingreso firme al círculo del semáforo. La integración con la gente de la calle y la identificación con Cienfuegos, el líder, permite que el hombre empiece su trabajo y encuentre a su mentor.

La segunda (y a mi parecer, la más importante) es cuando resisten todos el primer envite de la policía, que deja a Cienfuegos con problemas en la rodilla. Los hechos impulsan al colectivo a actuar con mayor ahínco, sobre todo motivando a Raúl a llevarse la ley por delante.

6.    Las pruebas, los aliados, los enemigos

Con el tiempo se descubre que los trabajadores del semáforo se unen alrededor de la causa que Raúl impulsa y aparecen dos heraldos; encarnados en Victoria, la tragafuego, y la mujer de la panadería. Estas dos personas acompañan en los momentos álgidos y de clímax a nuestro héroe.

Ejemplos de esto hay varios. La necesidad inicial de Raúl encuentra solución en un trabajo dentro de la panadería, arreglando la cafetera; la primera batalla con la policía, que deja herido a Cienfuegos y les obliga a llevarlo a la casa de Raúl, es vivida junto con Victoria, así como la búsqueda del hogar del ya mencionado mentor para su entierro.

Como enemigo siempre está el estado, que pretende mantener el orden a través de la violencia hacia los trabajadores del semáforo. El montaje en la película sugiere que la muerte de Cienfuegos fue llevada a cabo por la misma policía, aburrida de su oposición y liderazgo en la calle.

7.    La aproximación a la caverna más profunda

El concepto se refiere al cuartel general de los enemigos, muestra de proximidad al objeto de la búsqueda. Se caracteriza por el temor, la confrontación y la preparación para la muerte.

Considero que en todo momento el héroe está a la mano de las autoridades, pues todo sitio es zona de influencia de la ley y de la policía, caracterizados como enemigos al principio. Jamás hay miedo a ellos, salvo las preparaciones a medianoche para evitar un arresto policial; por lo cual no aplica.

8.    La odisea (el calvario)

La historia parece bifurcarse en este punto. Durante el cumplimiento del objetivo inicial, alargar el tiempo del semáforo, el mentor muere posterior a su arresto, y hay una nueva búsqueda por enterrarle en el sitio apropiado.

Al fracasar en un primer intento por detener el semáforo, después de haber desarrollado el aparato que debía hacerlo, hay un momento de crisis para el personaje. La ira y la impotencia llevan al caos dentro de la sociedad del semáforo, donde surge un disturbio.

Posterior a esto, producto del desorden y de su descrédito frente a la autoridad, muere Cienfuegos y se lleva a cabo un camino tortuoso para entregar su cadáver a donde pertenece. Las dificultades en el camino hacia su hogar materno, la confrontación con la madre del finado y el posterior entierro, sin mencionar la traición a la mujer de la panadería, ubican este aspecto dentro del calvario.

9.    La recompensa (apoderarse de la espada)

Después de la muerte y entierro de su mentor, Raúl Tréllez decide liderar una revuelta dentro del espacio de todos, y sin tomar ningún tipo de ayuda tecnológica pone en rojo el semáforo indefinidamente a través de la violencia. Al verse cumplida la meta, los habitantes del espacio se vengan de aquellos que preferían ignorarles y despreciarles al estar en su territorio, a merced del conocimiento que estos poseen del entorno.

Huir victoriosos e indemnes de una conmoción que les pudo haber costado la libertad, después de haber cumplido con su objetivo inicial es, definitivamente, una recompensa.

11.  La resurrección

No se encuentra. No hay segundo riesgo en la partida. No hay decaída ni peligro posterior a la recompensa, solamente un mundo abierto y posibilidades diferentes.

12.  El retorno con el elixir

Sin saber realmente a donde se regresa, es fácil distinguir que Tréllez carga un bagaje impresionante después de aquella aventura capitalina. Las pérdidas humanas y el nuevo peligro que corre en la ciudad por fomentar el desorden público lo motivan a abandonar y recorrer otro camino.

La experiencia compartida con aquel grupo del semáforo, se reduce a un descubrimiento personal para el héroe una vez se separa. El final queda abierto con esa condición.

Arquetipos:

El heraldo:

Como ya he dicho previamente, identifiqué claramente dos heraldos firmes en el relato.

La primera en aparecer es la dueña de la panadería en la que trabaja esporádicamente Raúl. Su apoyo es monetario y moral cuando hay necesidad de hablar o de comer. Aunque no esté presente en todo momento de la historia, cumple con roles importantes de acompañamiento y apoyo al héroe cuando es necesario, dejándolo también en las puertas del desafío final, como cuando simplemente conducía para llevarlos al entierro de Cienfuegos.

La segunda es Victoria, que funge como pareja del héroe a ratos y a la vez es habitante del semáforo, por lo que tiene la posibilidad de pasar más tiempo con él y de acompañarlo tanto en sus empresas como en el diario trabajo. La integración de Raúl al grupo y las heridas del mentor unen y consolidan su unión hasta el final del filme.

El mentor:

Cienfuegos aparece en la historia confrontando las propuestas de Tréllez, manteniendo distancia en un principio para evitar el cambio y el gasto que representan. Sin embargo, resultan unidos por la simpatía frente la agresión externa; para convertirse eventualmente en compañeros de calle y descubridores uno de otro. La oposición férrea que impone el viejo Cienfuegos ante ciertos aspectos, la sabiduría con la que habla sobre sus anhelos y la claridad que tiene frente a la autoridad y sus excesos lo convierten en una guía para Raúl, aún siendo éste una persona experimentada en la calle. Su muerte desencadena la ira colectiva y el deseo de honrar su memoria al regresarlo a su sitio anhelado.

El héroe:

Raúl Tréllez es un indigente que sabe sobre electricidad y promete aumentar el tiempo del semáforo en rojo para hacer algo de dinero. Es un joven desplazado por amenazas contra su vida, y lleva un tiempo indeterminado viviendo en Bogotá. Su familia permaneció en su sitio de proveniencia (Chocó) y el se autoexilió a ver si podía salvar la vida. Durante el transcurso de la historia se muestra como alguien irresponsable pero firme en convicciones, que empieza a trabajar para un grupo de personas en necesidad que le despiertan simpatía y la relación cambia con todos. El hombre es recibido sin hostilidad en la calle en la que estaban sentados.

Cuenta con un marcado liderazgo, que pone al servicio de aquellos a quien ha aprendido a respetar. Si bien trabaja solo, para las reparaciones que pretende hacer al semáforo cuenta con una guardia que mira por si la policía está próxima; la persona que lo acompaña ocupa este rol.

Raúl Tréllez no teme a nada, sabiéndose alejado de todo aquello que ama y conoce. No tiene mucho que perder, y eso lo mantiene haciendo las cosas que le resultan placenteras. Su consumo de alucinógenos integra esta parte de su vida. No se niega a ningún llamado.

La sombra:

El antagonista resulta ser, en todo momento, una sociedad que los rechaza; encarnada en su ala más violenta por la policía metropolitana. Ésta se encarga de controlar sus rebeliones en orden de defender un orden establecido, que funciona para muchos, pero no para todos. Sin embargo, este control no es legal ni legítimo, considerando que se valen del uso de la fuerza para agredir a los que no tienen lo suficiente como para contar como una persona decente.

Otra parte de la sombra son las personas en el interior de los automóviles. En el lenguaje de la película y del entorno, el que no compre es una mala persona, pues tiene cómo hacerlo pero prefiere negarse, trayendo malas repercusiones. Estas conductas afectan cuando no hay dinero suficiente para suplir necesidades básicas, causando crisis, conflictos y otro tipo de actitudes negativas.

Alcohol en tres peliculas.


“Rebelde sin Causa”, “La Naranja Mecánica” y “Los Edukadores” son películas con muchos aspectos sobresalientes. Su maestría técnica y discursiva está fuera de duda y los grandes nombres que han ayudado a construir, que han consolidado o que simplemente han usado como catapulta para el éxito funcionaron de una manera brillante, sin mencionar que los cambios que lograron en su audiencia las convirtieron en películas de culto.

Pero lo que me atrae fundamentalmente es la posibilidad de conocer el relato de una generación diferente a través de cada una de ellas. Sin ser totalmente fidedignas, y habiendo llegado a un punto en el que los planos hechos en algunas de ellas no resultan tan emocionantes e impresionantes, representan el espíritu de una época y se ven obligados a regalar pedacitos de realidad que uno debe tomarse a la tarea de limpiar, armar y estudiar.

El estudio de aspectos específicos en cada uno de los filmes resulta provechoso cuando uno pretende hacer un paralelo entre las épocas, sólo para ver cuánto hemos cambiado y cómo terminaremos si así estuvimos. A mi parecer, deben ser analizados esos pequeños detalles que no mienten por su cotidianidad y por lo abierto del desdén o la aceptación a ellos. Si bien el rasero del desdén o la aceptación puede ser aplicado a casi todo, me refiero a aspectos como las drogas o la moda, naturales y punibles.

Las apariciones del alcohol son limitadas en algunas de estas películas, y me sedujo la posibilidad de encontrar qué tanto puede aportar su presencia a la narración del mismo filme, las prácticas asociadas a su consumo y los cambios a los que está sujeto con el tiempo. En una primera etapa del análisis, relataré literalmente las apariciones del alcohol en los filmes. En la segunda, se concluirá al respecto a través de un análisis individual. En la tercera, se hará una conclusión general.

Rebelde sin Causa

La película inicia con Jim Stark ebrio y tirado en un andén, con un juguete en las manos. Es arrestado y luego llevado a una comisaría de policía por escándalo público y ebriedad en menores de edad.

Durante la estancia en la comisaría, mientras espera a ser procesado, hace ruidos molestos a los policías y luego entra en ambiente condescendiente cuando sus padres llegan a hablar con la autoridad en asuntos juveniles.

Ante la tensión producida por los reclamos familiares, el oficial encargado decide llevarlo a una habitación aparte, donde discuten las razones por las que se emborrachó y buscó pleito. Antes de entrar en esa discusión, el policía vence las barreras de un joven que siempre se muestra agresivo y esquivo con una disputa física sin mayor trascendencia, para demostrar que es la autoridad.

Se descubre que siente vergüenza de su padre por no asumir la responsabilidad de líder en el hogar y ponerse al servicio de una madre déspota; y que, en la búsqueda de orgullo propio, estalla ante cualquiera que pretenda disminuirlo o avergonzarlo en público (el término gallina es recurrente), llevándolo a tener problemas en muchas partes y a mudarse constantemente.

Después del compromiso de Stark de hablar con el oficial de policía cuando hubiera problemas similares, abandonan la estación con camino al hogar. Se burla de lo que es, a su parecer, una falsa preocupación por parte de su familia antes de salir para el hogar.

Análisis

No es posible, después de ver esta secuencia, dejar de pensar que el alcohol es una herramienta formidable para la desinhibición. El estado alterado de consciencia le proporciona la soltura y la claridad suficiente como para desafiar a la autoridad y a su propia familia dentro de esa estación de policía. El refugio encontrado por el personaje para calmar sus penas afectivas y sus vergüenzas en dicha ocasión fue beber hasta emborracharse.

Además, es la parte de la película que más ofrece pistas sobre la psique del personaje, pues durante el resto, si bien es sentimental y cariñoso, no demuestra muchas más sensaciones sino hasta que llega a un grado superlativo de exaltación. Lo dicho y hecho durante la etapa de ebriedad lo ubica en un contexto para sí mismo dentro de su nuevo hogar, y nos ubica en su vida.

La ebriedad se revela desde el principio como pretexto para distanciarse de la vergüenza que siente y empezar de nuevo en otro lado, libre de mala influencia. En los diálogos aparece literalmente que quiere pleitos para ser ingresado en una correccional, lo que aclara también, para el resto del filme, que no es un bebedor recurrente sino que acude a esa herramienta para un objetivo algo macabro.

Pasando al lado narrativo, la secuencia dentro de la estación de policía le proporciona la posibilidad de aproximarse a los personajes que lo acompañarán durante el resto del filme. La relación con Judy (heraldo) se establece a partir de recoger su cajita, que después termina siendo una muestra de amor por parte del frío protagonista; la relación con Platón (heraldo) se establece cuando le ofrece su abrigo para esconderse de la frialdad de la noche y la relación con Ray (mentor), el policía, se cimienta cuando hay una disputa y ambos se reconocen como iguales. Personalmente identifico esta etapa como el mundo ordinario para el héroe, no porque permanezca ebrio sino por el conflicto constante al que se ve expuesto.

La Naranja Mecánica

La película comienza con una secuencia en la que el protagonista explica que está bebiendo leche mezclada con ácidos, en un sitio escondido del resto de la sociedad donde es posible ampararse de ella y obtener acceso a un estado alterado de consciencia que los lleva a ser bastante violentos. Recargados de esta energía, se encuentran con un anciano en un callejón. El anciano bebía alcohol y cantaba una canción vieja con voz aguardientosa, despertando la ira del líder del grupo.

Después de aplaudirle el final de la canción lo golpean salvajemente. Durante la golpiza, el ebro alega que ya no le importa vivir o morir en un mundo apestoso y carente de ley y orden, donde los jóvenes abusan de los ancianos; que por andar en el espacio exterior ya no se contempla la ley terrenal y empieza una canción en la que dice que luchó por la tierra, entre los golpes.

En la secuencia siguiente, Alex, el protagonista, patea una botella.

Más adelante, después de que Alex muestra su liderazgo frente al grupo hiriendo a uno y mojando a otro, dentro de un bar se crea un ambiente de capitulación. Él decide que el plan a seguir es el ideado por el compañero recién amedrentado, y mientras le comentan cómo es la situación, termina siendo el único que bebe. Cuando termina el asalto a la casa, es golpeado con una botella llena de leche y queda a disposición de la ley.

Casi al final de la película, cuando Alex regresa a la casa donde violó a la mujer del escritor y es reconocido como victimario, es forzado a tomar vino durante la cena que le tiene preparado su anfitrión. De nuevo bebe solo y le llenan la copa dos veces.

Análisis

Pareciera que al principio, cuando el anciano es golpeado por la pandilla de Alex, no solamente se pisotea al anciano ebrio y molesto sino a toda una generación caduca, a un pasado poco glorioso, poco divertido. El joven, con sus drogas fuertes, su moda y su estilo de charla, se muestra superior ante el anacronismo, el ansia de restricciones, justicia, leyes y control social que representa una bebida perteneciente a los antepasados. Lo que hace Alex, en primera instancia, es pisotear esto; y resulta evidente en diferentes partes del filme, pateando botellas en el suelo, menospreciando el alcohol.

En la medida en que uno de los personajes en la película se identifica con el alcohol algo malo le sucederá, dependiendo de la intensidad con la que la ingiera. El anciano bebía por placer intenso y este grupo de personajes lo molió a palos; cuando Alex bebe licor en el bar, el acto siguiente fue la traición por parte de su pandilla, aunque el daño físico resulta no ser tan fuerte; cuando es forzado a beber vino fino en la casa del escritor subversivo, termina al borde de la muerte.

Como el consumo de sustancias lo pone en uno de los bandos, cuando es “curado” y deja de beber leche con ácidos, recibe agresiones por parte de su ex pandilla y del ebrio que lo reconoce, junto con todos sus amigos. Si bien lo debilita el hecho de no poder responder a la agresión y de no estar apoyado por nadie, la referencia al alcohol durante la agresión de los viejos amigos del ebrio está patente. Durante la agresión no noté botella de alcohol alguna, ni ebriedad en los agresores. En conclusión, el alcohol aparece como una muestra patente de caducidad social.

El consumo de alcohol no tiene demasiada relevancia dentro de la narración. Sólo representa una alerta sutil ante los hechos narrados, como ya ha sido advertido antes.

Los Edukadores

Después de ser despedida de su trabajo como mesera, Jule llama a Jan y deciden tomar algo de vino en la terraza de un edificio mientras discuten cosas sobre la rebelión que parece no acontecer a pesar de los esfuerzos de la juventud. La chica alega que no pasa nunca nada, que la llama está apagada y que todo el mundo está destinado a seguir en lo mismo; mientras Jan defiende que las ideas han permanecido y que las cosas no se dan fácilmente. Decide el joven llevarse a la chica a una de sus excursiones, y le cuenta que él y su novio son los edukadores.

La chica ingresa a la nevera de champana y de vinos de la casa del personaje a quien le debe dinero por el accidente, después de desactivar la alarma y de llevar un tiempo adentro. Bota varias al suelo hasta que elige una, destapa el corcho frente a la piscina y, vestida de bata, le da varios sorbos mientras camina por ahí. Cuando se siente cómoda, se activan algunas luces y ambos se van apresurados del sitio. El alcohol, por supuesto, se pierde en la marejada de sensaciones y decisiones.

Luego aparecen celebrando Jan, Peter y Jule en una discoteca. Notada por Peter, una mujer que mira insistentemente a Jan aparece en la pantalla, y porta una cerveza.

Ya más avanzados en la trama, durante el secuestro del magnate, es posible encontrar reuniones grupales de juego de carta, de fumar cigarrillo o marihuana, acompanadas por copas de vino o de algún otro licor. Esta situación se da en dos circunstancias: la primera es cuando cuestionan el estilo de vida del personaje dentro de la sociedad y lo confrontan con lo horripilante del sistema. La otra, más llena de confianza ya, habla sobre viejas etapas de revolución, amor libre, anhelo de cambio.

Y hacia el final, Peter, el novio despechado, va al bar del pueblo y se emborracha hasta cantar en el bar con algún desconocido.

Análisis

Si bien la carga simbólica del alcohol y su importancia dentro de la narración del filme son bastante menores que en las otras, hay aspectos que pueden ser relatados.

Ante la consciencia del mal que hace la acumulación de dinero en ciertas personas, y airada por la deuda personal con el dueño de casa, Jule tira botellas de licor costoso al suelo buscando el que ella considera que puede ser el apropiado para la ocasión. Esto hace parte del mensaje global de la película, y este fragmento soporta el desprecio hacia esa clase social.

Es evidente que el alcohol aparece también en los momentos de distensión dentro de la película únicamente, cumpliendo un fin social y acompañante de pocas acciones. Exalta, de alguna manera, la profundidad de las conversaciones revolucionarias y los cuestionamientos a quien parece ser la oposición, pero no guarda simbolismo alguno.

Conclusión general

Es complicado hacer evidente el cambio en la concepción del alcohol en las diferentes épocas reflejadas, considerando que mucho de la realidad objetiva anhelada y sobredimensionada se va al traste con la visión subjetiva del director. Pero es posible hacer conjeturas con las pocas pistas que se tienen.

El alcohol como tradición es evidente con Rebelde sin Causa, con el personaje ebrio por decepción y tenso por situaciones complicadas. La época no permitía el consumo legítimo de menores de edad, pero parte de la tradición es romper ese tipo de legislación y se cumple perfectamente.

Luego es mostrado como negativo y peyorativo en La Naranja Mecánica, donde se supone que la sociedad ha recorrido un camino distinto y está lista para desechar tanto a los criminales como a los viejos ebrios.

Y finalmente hay una popularización en el consumo de licor por las estrategias de mercado capitalista, evidente en Los Edukadores. Hace parte de la vida cotidiana acompañar actividades con licor, sin penalización ni repercusión social al respecto.

Está claro que este análisis requiere de una mayor profundidad, pero es una alternativa interesante seguir este tipo de aspectos en las películas pues consciente o inconscientemente se aplican en los relatos. Cuando es aplicado con un objetivo, se revela la actitud del director frente a ciertos fenómenos, pero cuando se integra como parte del ambiente, cargado con esa normalidad cultural esquiva y sempiterna, hay un acceso importante a la realidad del momento.